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2010 - 092. El estigma y discriminacin a las personas que viven con VIH/sida puede costarles la vida: Conapred

El estigma y discriminación a las personas que viven con VIH-Sida puede costarles la vida: Conapred
 
Boletín 092/2010
México, D.F., 1 diciembre 2010
 
El estigma que recae sobre las personas que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) o el Síndrome de Inmunodeficiencia  Adquirida (Sida) tiene consecuencias tan graves que pueden conducirles hasta la muerte.
 
Muchos de las personas con síntomas temen hacerse la prueba, ir con el médico y hacerse los tratamientos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el estigma y la discriminación son las principales razones por las cuales una persona enferma no se somete a las pruebas, se niega a decir que tiene el padecimiento y a tomar los retrovirales. Todos estos factores hacen que la enfermedad sea más difícil de combatir y fomentan su propagación.
 
En agosto de 2008 durante su visita a México, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, aseguró que el estigma seguía siendo la barrera más importante para la acción pública en contra del VIH/Sida. Es, agregó, una de las razones principales por la que muchas personas temen ver a un médico para que las diagnostique o para buscar tratamiento si es que padecen la enfermedad. El estigma, continuó, ayuda a que el Sida sea el asesino silencioso porque la gente teme la vergüenza social de hablar al respecto o de tomar las precauciones fácilmente alcanzables. El estigma es una de las principales causas por las que la epidemia del Sida sigue devastando sociedades de todo el mundo.
 
Cuando la enfermedad se descubrió en los años 80 hubo una alarma generalizada. Desde entonces, a causa de la falta de información y la premura por tratar de contener la enfermedad, las mismas autoridades y los medios informativos difundieron campañas que incentivaban la discriminación y estigmatización de las personas enfermas. Desde luego, estaba su asociación con la muerte, pero muchas veces vinculada con un castigo por no haber tomado las precauciones necesarias, o bien como un horror al demonizar o mostrar con temor las consecuencias de la enfermedad. También conducían a la marginación, pues se veía a las personas enfermas como quienes estaban afuera de lo que se nombraba como aparente normalidad, lo que estaba del otro lado de la sanidad.
 
Según la Oficina de las Naciones Unidas para el VIH/Sida, los factores que contribuyen al estigma y la discriminación son:
 
1.- Pensar que la enfermedad es mortal.
2.- Asociar a la enfermedad con comportamientos sexuales que ya traen cargas moralistas, tales como: la homosexualidad, la promiscuidad y la prostitución.
3.- Asociarla con drogadicción.
4.- La mayoría de la gente que se contagia a través de relaciones sexuales padece de muchos prejuicios.
5.- Existe enorme desinformación sobre la  manera en que se transmite la enfermedad, lo que ha traído comportamientos irracionales y falsas percepciones sobre los riesgos.
6.- La infección de VIH/Sida es muchas veces vista como resultado de la irresponsabilidad.
7.- Creencias religiosas y percepciones morales hacen que la gente crea que estar infectado con VIH/Sida es el resultado de una falta moral (por ejemplo, la promiscuidad o relaciones no heterosexuales) y que merece castigo.
 
Discriminación por partida doble
Las mujeres que están contagiadas son más vulnerables al rechazo y la discriminación, pues su comportamiento sexual recibe mucho más juicios que el de un hombre, quienes son por lo general socialmente justificados por su actividad sexual.
 
Los niños que viven con Sida también sufren de discriminación, pues además de acarrear los estigmas de la enfermedad, debido a su corta edad carecen de las herramientas y experiencia para hacer valer sus derechos y exigir protección.
 
Las personas con preferencia u orientación sexual diferente de la heterosexual son quienes más arrastran los prejuicios y temores asociados con la enfermedad. Como se ha mencionado anteriormente, se les vincula con promiscuidad, pecado, suciedad.
 
El Centro Internacional de Estudios sobre la Mujer, con sede en Washington, EUA, encontró que la enfermedad del Sida  y el estigma traían consecuencias graves como la pérdida de ingresos, trabajo y medios de subsistencia, divorcio, la posibilidad de tener hijos, la mala atención en los servicios de salud, el rechazo de la familia y la negativa de parientes cercanos de ayudarles en su cuidado, pérdida de esperanzas, sentimientos de inutilidad, pérdida de reputación que, en conjunto producen la pérdida de bases sociales para el desarrollo y mantenimiento del autoestima.
 
VIH/Sida y negación de derechos
Hoy, las campañas informativas sobre la enfermedad han cambiado su tono y tratan de inducir a cambios culturales. Ya no se habla de una enfermedad directamente asociada con la muerte, se insiste en que es un padecimiento crónico controlable. Sin embargo, los resultados de estas nuevas concepciones han encontrado resistencia y la discriminación sigue pesando sobre las y los portadores y sus familias, lo que se traduce en una imposibilidad para ejercer el derecho a la salud, trabajo, educación, entre otros.
 
Pese a la existencia de órganos dedicados a la información y contención de la enfermedad, como el Consejo Nacional para la Prevención y el Control del VIH/Sida (CenSida), en México hay prácticas institucionales que contradicen lo que promueve el propio CenSida. Por ejemplo, los impedimentos para que soldados que viven con Sida permanecieran en el Ejército, lo cual estaba establecido en la Ley del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas. Antes de que la Suprema Corte de Justicia avalara en octubre de 2007 el amparo en favor de los militares afectados, algunos de los argumentos que defendían la  ley iban acompañados de fuertes estigmas, lo que reforzaba las prácticas discriminatorias.
 
El CenSida está bajo la tutela de la Secretaría de Salud, sin embargo, el derecho a la salud es uno de los más afectados para los enfermos de VIH/Sida. Con frecuencia, las y los portadores son aislados, maltratados y su derecho a la confidencialidad no es respetado. Además personal médico y de enfermería tienden a solicitar pruebas de Sida cuando las y los pacientes con prácticas sexuales diferentes de la heterosexual o sexoservidoras y sexoservidores visitan los centros de salud u hospitales.
 
La norma oficial vigente para la prevención y control de la infección por virus de inmunodeficiencia humana usa aún adjetivos como grave problema a la hora de referirse a la enfermedad o define el sexo seguro como aquella práctica sexual en la que "no existe penetración". Es muy importante que la legislación sea armonizada con un lenguaje antidiscriminatorio y no estigmatizante.
 
Además, la norma hace énfasis en que las mujeres y hombres que tienen "varios compañeros sexuales" tienen mayores probabilidades de adquirir la enfermedad. El énfasis de la norma debería estar en las medidas precautorias que deben tener todas las personas, independientemente de su actividad sexual y del número de parejas.
 
Con frecuencia las personas enfermas de Sida se quedan sin trabajo o temen que se sepa su condición, lo que lleva a su aislamiento y a crisis de ansiedad. Lo mismo sucede en las escuelas. Adultos, jóvenes, niñas y niños que viven con Sida son relegados, carecen de la interacción y vínculos sociales necesarios. Además, en muchas ocasiones, deben dejar los estudios a causa de la discriminación que sufren.
 
Las prácticas discriminatorias se reproducen también en los espacios familiares y comunitarios, ahí también se les aísla, se les niega el apoyo, se les rechaza.
 
El estigma en contra de las personas que viven con Sida impide un adecuado tratamiento y control de la enfermedad. El miedo a ser rechazados o agredidos evita que muchos busquen tratamiento y los reduce al aislamiento y marginación, provocando un serio impedimento para que estas personas tengan pleno acceso a sus derechos reconocidos en igualdad con otras personas. Para el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) no habrá un verdadero combate a la enfermedad, si no se confrontan las falsas percepciones y prejuicios que impiden el desarrollo pleno de nuestra sociedad.