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Discriminar - Yuriria Sierra

Icono Discriminación en General
Yuriria Sierra / Nudo gordiano
 
Qué curioso. Somos un país que se ostenta hermano, que tiende la mano a todo aquel que lo necesita y hasta enviamos ayuda a pueblos en desgracia. Somos un pueblo capaz de reconocer nuestras múltiples cualidades cuando hay comparación de por medio o cuando sólo necesitamos subir el ánimo pero, ¿somos igual de sensatos cuando nos vemos en el espejo ajeno? ¿Creemos que la persona sentada junto a nosotros en el transporte público, en el restaurante, en la escuela, merece un vistazo en nuestro espejo? ¿Creemos que ese espejo nuestro refleja igual a todo el que se ve en él?
 
Aunque la respuesta inmediata sería un sí, por una sensatez de bote pronto y nada más para no cargar culpas, lo cierto es que ayer, mientras leía los resultados de la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México, la Enadis 2010, que realiza el Conapred comandado por Ricardo Bucio, noté que somos una sociedad aún sumergida en ideas equivocadas de manera tan profunda, que están presentes muchos factores que nos hacen decidir que alguien no merece sostener la mirada ni un segundo para verse en nuestro espejo. Ideas equivocadas, tanto, que aún las creemos sustento irrevocable para otorgar derechos, hasta el más mínimo, como lo es el respeto, y a los más vulnerables, por ejemplo, los niños.
 
El espacio de esta columna queda corto para tocar cada uno de los puntos analizados en este segundo ejercicio realizado por el Conapred y, en esta ocasión, junto al Instituto de Ciencias Jurídicas de la UNAM. Desde las áreas que en primera instancia llegan a la mente cuando hablamos de discriminación, como lo es la diversidad sexual, donde se nos dice que son los cuerpos policiales y las congregaciones religiosas los grupos que más discriminan por esta causa, lo cierto es que aún es alarmante, y muy triste, que haya registro de intolerancia en el interior de las familias, de los grupos afectivos cercanos porque, ¿dónde más se pueden encontrar pilares fuertes para una sociedad? Nuestra tolerancia acaba cuando nos vemos “afectados” de forma directa o no se entiende cómo es que la homosexualidad se convierte en el peor de los pecados en el interior de nuestra casa, y elemento de burla o juicio cuando es hacia el exterior. Más que valores, lo que se cuida es una moral doble. Te acepto, pero “de lejitos”...
 
Ese es sólo un tema, tal vez el más ejemplificado. Pero vamos a áreas que pensaríamos inconcebibles: tres de cada diez mujeres todavía piden permiso al esposo para elegir por quién votar y, cuatro de cada diez, para utilizar algún tipo de anticonceptivos. Y sí, eso también es discriminación: a la mujer se le sigue viendo, en algunas partes y bajo ciertos esquemas, como inferior al hombre.
 
¿Otro ejemplo? ¿Otro golpe a nuestra doble moral? Siendo México la primera nación que aboga por el respeto a sus ciudadanos en otros países, principalmente Estados Unidos, nuestro actuar para con migrantes que pisan nuestro territorio, ya sea de paso o para fijar residencia, refleja que seis de cada diez migrantes piensan que en México se respetan poco sus derechos, y uno de esos mismos diez dice que no se respetan en nada. Uno de los factores principales: el abuso de autoridad. Justamente la razón por la que nos quejamos del trato hacia nosotros en el exterior.
 
Estos datos son muy curiosos, porque nos esforzamos por pensarnos como una sociedad que avanza y que lucha por que el bien común se logre cuando hablamos de inseguridad, de oportunidades de empleo, pero poco hacemos por el bien que sí queda totalmente en nuestras manos. Y eso, además de curioso, es profundamente triste.
 
Excelsior – 13 abril 2011.