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La raíz de muchos males - Rubén Moreira Valdéz

Icono Discriminación en General
Rubén Moreira Valdéz
 
Si revisa usted los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2010 publicada la semana anterior por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), percibirá de inmediato que en la desigualdad encontramos la raíz de muchos de nuestros males.

Reveladora, la muestra aplicada en 13 mil 751 hogares mexicanos indica que la exclusión e intolerancia hacia grandes grupos sociales es el “pan” de cada día.

Por ejemplo, 12.7 por ciento de los encuestados justifica oponerse a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio. Para las personas homosexuales entrevistadas, gran parte de la intolerancia la encuentran en la Policía y en su iglesia, y cuatro de cada 10 mexicanos no estarían dispuestos a permitir que homosexuales vivan en su casa.

En lo referente a percepciones económicas, más del 70 por ciento aseguran que poco o nada se respetan los derechos de los homosexuales, migrantes, indígenas y trabajadoras del hogar, en tanto que cuatro de cada 10 indígenas no tiene las mismas oportunidades que los demás grupos de población para conseguir trabajo.

Por lo que respecta específicamente al mercado laboral, la encuesta Enadis indica que ocho de cada 10 personas que realizan trabajos domésticos no cuentan con seguro médico; seis de cada 10 carecen de vacaciones, y casi la mitad no recibe aguinaldo.

Los prejuicios son cosa de todos los días. 25 por ciento de los entrevistados aseguran que se ignoran sus derechos por no tener dinero, 20.2 debido a su apariencia física, 19.8 por su edad, y 19.2 por ciento por su género.

Pero hay aún más: discriminamos también por el color de piel, pues seis de cada 10 personas entrevistadas se autodefinieron morenos; blanca, una de cada 10, y cuatro de cada 10 opinan que a la gente se le trata de forma distinta según el tono de su epidermis.

La edición 2010 de la Encuesta Nacional sobre Discriminación incluye un capítulo sobre seguridad pública. La tercera parte de los encuestados asegura que lo que más ansiedad les causa es ser víctima de un robo con violencia; 25 por ciento afirma tener temor de la violencia generada por el narcotráfico y dos de cada 10 dicen que más temor les provoca ser víctima de un abuso de las fuerzas de seguridad pública.

Pero lo que más llama la atención es la queja del propio Conapred, organismo responsable de combatir la discriminación, la desigualdad y promover la equidad: su trabajo es marginado y soslayado por los diferentes niveles de Gobierno.

Es decir, ¡discriminan al mismísimo encargado de prevenir la discriminación!
En resumen, el estudio señala que el Estado mexicano no le da importancia al combate a la discriminación, una de las principales raíces de la violencia en México, y que la intolerancia se enseñorea en nuestro país sin que, hasta ahora, existan políticas públicas efectivas para reducirla.

Vamos, ni siquiera alguna campaña publicitaria que nos haga creer que existe alguna idea al respecto.

Mientras tanto, la discriminación nos divide y nos arrastra en una espiral de fragmentación que sigue amenazando nuestra ya frágil cohesión social.

En este momento, en un país con casi 60 millones de mexicanos viviendo en la pobreza, la desigualdad provoca intolerancia y esta lleva a la violencia. Es un círculo perverso que parece no tener fin y empuja a nuestra frágil convivencia al borde del abismo.

Si en México sólo seguimos combatiendo las causas y no los efectos, la violencia jamás se detendrá. No podemos hacernos la ilusión de que esta guerra se pueda ganar si no viene acompañada de equidad, justicia, igualdad, solidaridad.

Necesitamos de igualdad para los iguales, desigualdad para los desiguales, y no igualar jamás a los desiguales. Nos urgen empleos dignos. Debemos ver en la inversión una herramienta de crecimiento y, en el crecimiento, la posibilidad de abatir la pobreza y construir así la equidad.

Respetar la diversidad, fomentar la tolerancia y prevenir la exclusión de los individuos por su condición social, preferencias sexuales o color de piel, no son sino derechos fundamentales del ser humano. Derechos que, al parecer, empiezan a esfumarse para la gran mayoría de los mexicanos recién nacen, empezando así a fomentarse la ley del más fuerte.

¿Por qué cuesta tanto hacerlos respetar en México?
 
El Mañana – 20 abril 2011.