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CONAPRED - Noticia: Versión estenográfica de la Décima Edición de la Entrega de los Reconocimientos por la Igualdad
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Versión estenográfica de la Décima Edición de la Entrega de los Reconocimientos por la Igualdad

Discriminación en general

Presentadora: Muy buenos días a todas y a todos.

 

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y su Asamblea Consultiva, les damos la más cordial bienvenida a la Décima Edición de la Entrega de los Reconocimientos por la Igualdad y No Discriminación en su versión 2015.

 

Estos galardones honoríficos que entrega el CONAPRED, a través de su Asamblea Ciudadana, busca reconocer públicamente a personas, instituciones u organizaciones que con sus acciones se distingan o sea hayan distinguido en su trayectoria por impulsar una cultura de igualdad de oportunidades y de no discriminación y el ejercicio real de los derechos de todas las personas.

 

Agradecemos la presencia del licenciado Roberto Campa Cifrían, Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación.

 

En calidad de representantes de la Asamblea Consultiva tenemos el gusto de presentarles a:

 

Clara Jusidman Rapoport, Presidenta Honoraria y Fundadora de Iniciativa Ciudadana y Desarrollo Social, INCIDE Social.

 

Juan Martín Pérez García, Director General de la Red por los Derechos de la Infancia en México.  

 

Santiago Corcuera Cabezut, integrante del Comité sobre las Desapariciones Forzadas de la ONU.

 

Rogelio Gómez Hermosillo Marín, Coordinador de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza y consultor internacional.

 

Jesús Rodríguez Zepeda, Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

Luis Perelman, integrante de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología e integrante de Tribuna Israelita. 

 

Jacqueline Peschard Mariscal, académica de la UNAM y experta en materia de transparencia.

 

Ricardo Raphael de la Madrid, periodista y analista político, y coordinador de la maestría en periodismo y asuntos públicos del CIDE.

 

Regina Tamés Noriega, Directora Ejecutiva del Grupo de Información en Reproducción Elegida.

 

Asimismo, agradecemos la asistencia de las personas galardonadas en esta versión 2015 de los Reconocimientos por la Igualdad y la No Discriminación en sus cuatro categorías:

 

Abel Barrera Hernández, en la categoría del Reconocimiento Nacional.

 

Emily Arnold Fernández, en la categoría de Reconocimiento Internacional.

 

Lidia Cordero Cabrera, a nombre de Esther Chávez Cano, galardonada en la categoría de Reconocimiento Póstumo.

 

Sergio Peñaloza Pérez, en representación de México Negro, en la categoría de reconocimiento institucional.

 

A continuación cedemos la palabra a la maestra Alexandra Haas Paciuc, Presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

 

Mtra. Alexandra Haas Paciuc: Buenos días.

 

Como cada año estamos reunidos para reconocer públicamente a personas e instituciones que se han caracterizado por su trabajo contra la discriminación.

 

Este museo, que hoy generosamente nos recibe, es, quizás, el más espléndido espacio de exhibición de la herencia prehispánica de nuestro país, de ese legado indígena del que solemos enorgullecernos en el pasado, pero no tanto en tiempo presente.

 

En el México de hoy la probabilidad de que una niña indígena termine viviendo en la pobreza es casi dos veces más alta que la del resto de la población, sólo por su origen étnico.

 

Hay una enorme probabilidad de que un niño afromexicano no termine la primaria, la probabilidad de que este niño no cuente con servicios médicos supera el 70 por ciento, sólo por el color de su piel.

 

Tan sólo por haber nacido mujer la posibilidad de una persona de sufrir agresiones en su propia vivienda es casi del 30 por ciento, cuando sólo el 10 por ciento de los varones está en esta situación, sólo por su género.

 

Enfrentar estas contradicciones es tarea fundamental y urgente, no podemos construir una nación democrática y próspera si no nos permitimos, nos obligamos a mirarnos y a aceptar nuestra diversidad, a respetar y valorar nuestras diferencias.

 

Hay que admitirlo, en México la discriminación es omnipresente, la experimentamos en todos los ámbitos de la vida nacional y es una práctica cotidiana.

 

La discriminación es estructural porque es sistemática, generalizada y masiva, como tantas veces lo denunció Esther Chávez Cano en relación con las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, no está hecha de acontecimientos que ocurren de forma espontánea, ni se agota en hechos individuales o en acciones particulares.

 

La discriminación es estructural porque posee hondas raíces culturales e históricas, porque se reproduce de generación en generación, se prolonga por medio de la tradición y de nuestras costumbres, lo que hace parecer que constituye algo normal o natural.

 

Por eso, como lo ha dicho Abel Barrera, los indígenas de nuestro país siguen teniendo que remontar todavía hoy el lastre del racismo.

 

Nos hemos acostumbrado a discriminar, como si fuera una práctica normal y en el mejor de los casos, en palabras de Emily Arnold Fernández, a ver a las personas como sujetos con necesidades y no como sujetos de derechos.

 

La discriminación es estructural porque solamente se conforma de actos deliberados en los que se busca conscientemente excluir a cierto grupo social, sino también de actos no deliberados, de los que muchas veces ni siquiera somos conscientes.

 

La discriminación es estructural porque predomina en nuestras instituciones, comienza por las estadísticas que invisibilizan a ciertos grupos y sus problemáticas específicas, continúa en el diseño de las políticas, en los planes y en los programas, y se expresa en el ejercicio del gasto público.

 

A propósito de las estadísticas, Sergio, es importante decir que por primera vez en la historia el censo ha contado a la población afromexicana, hoy sabemos que casi un millón 400 mil personas se autoidentifican como afromexicanas en México.

 

Compañeras y compañeros:

 

La discriminación no solamente está allá afuera, la practicamos en nuestros centros de trabajo, en las oficinas, en las escuelas, dentro de nuestras propias casas y en el seno de nuestras familias.

 

La discriminación, también quiero decirles, no es un problema de los demás, es nuestro problema, el problema de todas y todos, porque efectivamente todas y todos somos potenciales discriminadores y discriminados.

 

Vivimos en una sociedad que todavía está muy lejos de tener en su horizonte la igualdad, pero también me importa enfatizar que la discriminación no sólo es un problema de grupos en situación de vulnerabilidad, mucho menos de las mal llamadas minorías que siempre que sumamos arrojan una mayoría contundente, mayoría discriminada.

 

No, la discriminación no está en los márgenes de nuestra sociedad, está en el centro de nuestra vida social, política, económica y cultural.

 

La discriminación no es el único problema nacional, pero no cabe duda que todos nuestros grandes problemas tienen un componente de discriminación.

 

Al mirarlos de cerca, en la desigualdad económica hay discriminación, en la pobreza hay discriminación, en la exclusión social hay discriminación y también en la violencia y en la impunidad hay discriminación.

 

La discriminación hace más desiguales a los desiguales, vuelve más pobres a los pobres, condena a la marginalidad inaceptable a millones de personas.

 

Por eso urge pasar del lenguaje, las formas y las normas a la acción, acción que vislumbramos como transformadora en la política pública y en el gasto, en el mundo del trabajo, en la cultura, así como en los medios de comunicación.

 

Compañeras y compañeros:

 

Estamos aquí para honrar a tres personas y a una organización de la sociedad civil elegidas por la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación por su contribución a la lucha antidiscriminatoria.

 

Por eso quiero expresar, en primer lugar, mi admiración a las y los premiados que serán presentados en un momento por cuatro representantes de la Asamblea.

 

También quiero expresar mi enorme gratitud a la labor que durante estos años ha venido realizando la Asamblea Consultiva, cada uno de sus 22 integrantes, y la extrema dedicación y cariño con la que la ha presidido Mauricio Merino, quien desafortunadamente no está hoy bien de salud y tuvo que retirarse, en su representación agradezco a Clara Jusidman, que va a tomar la palabra al final del evento.

 

Desde luego, en la forma en la que Ricardo Bucio, mi antecesor, condujo al CONAPRED y logró posicionarlo como una institución con gran prestigio ante la sociedad mexicana.

 

Mi reconocimiento por su presencia y participación en este acto a quienes representan a las instituciones públicas.

 

Muchas gracias, Subsecretario Campa, por estar aquí.

 

Muchas gracias a las representantes de INMUJERES, de la Secretaría del Trabajo, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por acompañarnos, a las organizaciones de la sociedad civil y a los medios de comunicación que hoy nos acompañan.

 

Lo he dicho y lo repito, la responsabilidad en la lucha contra la discriminación y la tarea de prevenirla no sólo es del CONAPRED, involucra a los tres poderes y órdenes de gobierno, a la sociedad civil organizada, a la iniciativa privada y a las instituciones académicas, así como a cada una y cada uno de nosotros, a todas y a todos los que estamos aquí.

 

Ahora es cuando tenemos que incluir la discriminación como un factor central de nuestros diagnósticos y su combate como una prioridad en las soluciones que hemos de concebir, ya no debe ser ésta una tarea de generaciones futuras.

 

Como dice un poema de  June Jordan, en honor a 40 mil mujeres y niñas sudafricanas que se manifestaron contra el apartheid en junio de 1956 y que sé que ha inspirado la labor de Emily a favor de los refugiados: “Nosotras somos a quienes hemos estado esperando, a nadie más”.

 

A todas y todos ustedes les doy cordialmente la bienvenida y le cedo la palabra a quienes integran la Asamblea Consultiva del CONAPRED.

 

Muchas gracias.

 

Presentadora: Muchas gracias por sus palabras maestra Haas.

 

Ahora presentaremos a ustedes un breve video con las semblanzas de las personas y la organización ganadoras de los reconocimientos 2015.

 

(PROYECCIÓN DE VIDEO)

 

Presentadora: Cedemos el uso de la palabra a Rogelio Gómez Hermosillo, integrante de la Asamblea Consultiva de CONAPRED.

 

 

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C. Rogelio Gómez-Hermosillo Marín: Muy buenos días.

 

La Asamblea Ciudadana del CONAPRED entrega el reconocimiento institucional a la Asociación Civil México Nuevo, que dirige Sergio Peñaloza Pérez, aquí presente.

 

México Negro es un referente de la sociedad civil organizada para impulsar el reconocimiento constitucional de la población negra en nuestro país.

 

México Negro trabaja en Guerrero y también en zonas del Estado de Oaxaca, por cierto, los dos estados con mayor proporción de población afrodescendiente.

 

Promueve el desarrollo de estas comunidades rescatando y difundiendo las tradiciones culturales de esta población.

 

México Negro lucha por la igualdad y contra la discriminación hacia la población afromexicana impulsando su visibilización.

 

Esto es importante porque la identidad afro en el país ha sido negada, olvidada y puesta en duda, no se reconoce su relevancia para la identidad nacional.

 

Gracias a estos esfuerzos de visibilidad del movimiento sabemos hoy, por datos del INEGI, que al menos un millón 400 mil mexicanas y mexicanos se reconocen como afrodescendientes que representan alrededor del 6.5 por ciento de la población del Estado de Guerrero, el cinco de la población del Estado de Oaxaca, el 3.3 de la población del Estado de Veracruz.

 

Contar por primera vez con estos datos que logran el reconocimiento demográfico y estadístico a la población afro de nuestro país surge por el impulso realizado desde la sociedad civil y también acompañado por el CONAPRED para que la pregunta sobre identidad afrodescendiente se incluyera en la muestra intercensal que ahora sustituye el conteo de población y que estará presente en el próximo censo nacional de población de 2020.

 

La Encuesta Nacional de Discriminación 2010 del CONAPRED ya nos mostraba el profundo desconocimiento e invisibilidad de las condiciones que viven las personas y comunidades afro del país.

 

Hay indicadores que muestran su exclusión, incluso por encima de los que padecen las comunidades y pueblos indígenas, y eso, todo sabemos, ya es mucho decir.

 

En este contexto emerge el esfuerzo desde la sociedad civil de un profesor rural, Sergio Peñaloza, quien ha sido un firme impulsor de los derechos y el reconocimiento de las personas afromexicanas.

 

El reconocimiento que hoy damos a México Negro significa la valoración de su trabajo en defensa de los derechos humanos de las personas llevadas a cabo desde una organización de la sociedad civil.

 

Es la manera en que la Asamblea Consultiva del CONAPRED ratifica su compromiso con un tema que hasta hace años no figuraba en la agenda pública.

 

La Organización de las Naciones Unidas ha establecido el decenio afro, de 2015 a 2024, de esta manera la comunidad internacional, cito: “reconoce que los afrodescendientes representan un grupo específico, cuyos derechos humanos deben promoverse y protegerse”.

 

Alrededor de 200 millones de personas que se identifican a sí mismas como descendientes de africanos viven en las américas, nos dice la ONU.

 

El reconocimiento a México Negro por parte de la Asamblea Consultiva del CONAPRED es una forma de fortalecer la agenda de trabajo de visibilidad de la población afrodescendiente y la defensa de los derechos de las personas afromexicanas.

 

Reiteramos aquí la importancia de llevar a cabo una reforma constitucional donde, acorde con el Artículo 1º de nuestra Constitución, las personas afromexicanas tengan pleno reconocimiento y puedan ejercer sus derechos sin discriminación y con igualdad.

 

México también es negro.

 

Profesor Sergio Peñaloza Pérez:

 

Por favor, pase a recibir el reconocimiento institucional.

 

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Presentadora: El señor Sergio Peñaloza nos dirigirá un mensaje.

 

C. Sergio Peñaloza Pérez: Con el permiso de todos los presentes.

 

Aprovecho la ocasión para reconocer públicamente a las organizaciones afromexicanas y a sus dirigentes, quienes directa o indirectamente han hecho posible que México Negro sea la organización que este día reciba el reconocimiento por la defensa de los derechos y la igualdad de los afromexicanos.

 

El camino que hemos recorrido en la lucha por el reconocimiento constitucional, la no discriminación, la visibilización, el desarrollo económico, cultural y social de las comunidades afromexicanas ha sido escabroso y difícil, pero justo es reconocer que no lo hemos recorrido solos, que hemos sido apoyados y acompañados por otras organizaciones sociales, académicos comprometidos con nuestra causa, políticos y funcionarios de instituciones gubernamentales.

 

Reconocemos especialmente a los académicos del INAH, a la doctora María Elisa Velázquez, Gabriela Iturralde, Cristina Masferrer, José Luis Martínez, Sergio Ramírez; de la UNAM, Jesús Serna, Citlalli Quecha; de la Universidad de Michoacán, Gloria Lara y Jorge Amos; de la Universidad de Veracruz, Sagrario Cruz.

 

Al CONAPRED que ha apoyado y realizado actividades diversas en favor de los afrodescendientes.

 

A la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que se ha involucrado en nuestra lucha.

 

Al INEGI, que ha puesto en las cifras estadísticas a los afromexicanos.

 

De manera muy especial a las comunidades afromexicanas, motivo de nuestra razón por la que estamos luchando.

 

A la CDI, por haber apoyado nuestra lucha.

 

En días recientes estuvo en nuestro país el Papa y hubiese sido de gran utilidad que en su discurso hubiese incorporado a los afromexicanos como componente de la sociedad mexicana.

 

Al Estado mexicano, miembro de la Organización de Naciones Unidas, que asiste a las asambleas y firma los acuerdos, el Movimiento Nacional Afromexicano y México Negro, en especial, le pedimos que cumpla con esos compromisos que asume ante dicho organismo internacional y que reconozca institucionalmente para ser sujeto de políticas públicas específicas.

 

Al Congreso de la Unión le recordamos que como representante de la ciudadanía esperamos en este 2016 vernos reconocidos y ver realizado nuestro propósito del reconocimiento constitucional.

 

Como Presidente de México Negro recibo este reconocimiento, no es dedicado a mi persona, sino a la organización México Negro, el cual hace extensivo a todos los integrantes y les digo que esto es un compromiso que adquirimos frente a esta situación y frente a las comunidades.

 

Por último, dedico este reconocimiento al fundador de México Negro, al Padre Glyn.

 

Gracias.

 

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Presentadora: Escucharemos ahora a Regina Tamés Noriega, integrante de la Asamblea Consultiva de CONAPRED.

 

C. Regina Tamés Noriega: Muy buenos días a todos y todas.

 

Es un gran honor para mí, como parte de la Asamblea Consultiva de CONAPRED, entregar el día de hoy el Reconocimiento por la Igualdad y la No Discriminación a una mujer profundamente admirable, Esther Chávez Cano.

 

Esther Chávez Cano nació en Chihuahua el 2 de junio de 1933, si bien dedicó una gran parte de su vida a la contabilidad, a los 60 años decidió enfocar su vida al activismo y a defender los derechos humanos, particularmente los derechos humanos de las mujeres.

 

Es uno de los mejores ejemplos de vida que conozco para decir que nunca es tarde para intentar cambiar un país.

 

Esther fue la primera persona en México que empezó a llevar la cuenta de cuántas mujeres en Ciudad Juárez eran asesinadas, llevó un registro impecable en una libreta donde anotaba el nombre de la víctima, si es que se sabía, la fecha, el lugar y las circunstancias en las que había sido encontrada, el nombre de la persona encargada de la investigación y cómo ésta avanzaba, la forma en que se había dado a conocer la noticia, las organizaciones que podían ayudar a las familias que enfrentaban esta tragedia y el nombre de todas las personas que podían hacer un cambio para proteger a las niñas y mujeres y decidían ignorar estas tragedias.

 

Dada la perfecta combinación de su habilidad y la experiencia con los números, y su incansable espíritu activista logró documentar, junto con otro grupo de activistas una a una las muertes y desaparecidas en Juárez, convirtiéndose en la única mujer que sabía con exactitud cuántas mujeres habían muerto en esa ciudad.

 

Fue así que comenzó a denunciar los casos que no eran aislados, sino que respondían, justamente, a un patrón de violencia, particular contra las mujeres jóvenes y pobres que debían ser atendidas por las autoridades.

 

Para realizar este trabajo Esther formó en el año 92 el Grupo 8 de Marzo y en 1996 la Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales en Pro de la Mujer, estaba compuesta por 11 organizaciones, justamente con el objetivo de articular acciones contra los ahora llamados feminicidios en Juárez y luchar por la defensa, la seguridad e integridad de las mujeres.

 

Otro de sus grandes méritos fue la creación en 1999 de Casa Amiga Centro de Crisis y en 2003, del primer refugio para víctimas de violencia doméstica con el fin de apoyar de manera integral a las víctimas.

 

Ante el desinterés de las autoridades, por la reparación integral a los derechos humanos de estas mujeres y de sus familias, Esther empezó a ofrecer también atención psicológica y asesoría legal a otras víctimas de feminicidios.

 

La impunidad y el desdén de las autoridades no desalentaron en ningún momento Esther Chávez, quien al no ver respuesta del Gobierno Federal buscó herramientas en el sistema internacional y fue así como en el año 2003, junto con la Organización Equality Now denunciaron ante el Comité de la Convención para la Eliminación de la Discriminación en Contra de las Mujeres, el Comité CEDAW, estas injusticias.

 

Esther logró que justamente este Comité CEDAW realizará una visita a Ciudad Juárez, elaboraron un informe y emitieron recomendaciones en contra del gobierno para exigir justicia.

 

Gracias a la iniciativa de Esther Chávez México fue el primer país en el que se aplicó este procedimiento previsto en el procedimiento facultativo de la CEDAW.

 

Además, debido a la gran presión internacional que se generó, Esther logró que las autoridades crearan un entramado institucional que reconociera este problema y lo atendiera, y fue así como logró que se creara la fiscalía especial para la atención de delitos relacionados con los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez y la Comisión para Prevenir y Erradicar la Violencia en Contra de las Mujeres en Ciudad Juárez.

 

Debido a que su labor incomodó a más de una persona, Esther enfrentó múltiples amenazas y presiones, al punto de que en el 2003 la Comisión interamericana recomendó medidas cautelares para ella; sin embargo, ninguna de estas intimidaciones lograron desalentarla en su lucha y ponerle nombre a las mujeres muertas y exigir castigo a los culpables.

 

Hasta el último momento de su vida fue una mujer sumamente valiente y congruente con sus ideales, antes de morir su último deseo fue que quienes quisieran enviar coronas a su funeral, en vez de hacerlo, mejor donaran el dinero a Casa Amiga Centro de Crisis para que pudiera continuar su labor.

 

La activista, cuyo lema siempre fue: “Aún hay esperanza”, lo hizo todo, recorrió múltiples países para denunciar la violencia que viven las mujeres en Ciudad Juárez, lloró al lado de estas mujeres que perdieran a sus hijas, peleó con funcionarios públicos, marchó por las calles, escribió cartas, editoriales, correos y apareció en medios de comunicación, se sentó a hablar con legisladores, procuradores, fiscales, incluso relatores de Naciones Unidas y del Sistema Interamericano, todo con un mismo fin, exigir justicia para las mujeres.

 

Sin ella y sin su perseverancia poco se sabría de los feminicidios de mujeres en Ciudad Juárez, hoy son conocidos en todo el mundo, su labor significó un viaje sin retorno en la visibilidad de los derechos de las mujeres.

 

Que su ejemplo nos sirva de inspiración para seguir luchando cotidianamente por los derechos de las mujeres y por una sociedad más justa.

 

Incluso en épocas de desesperanza y de frustración ante la falta de justicia por parte del Estado, que sea Esther una inspiración para tomar fuerza y seguir luchando por aquellas mujeres que fueron y siguen siendo silenciadas.

 

Como un homenaje, me gustaría terminar este mensaje con una frase que dijo Esther durante el momento en que recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2008.

 

“El dolor de las mujeres golpeadas y de las niñas violadas debe formar parte de nuestra indignación, que todas gritemos, ni una más de las mujeres deben de ser asesinadas, violadas o insultadas”.

 

Le pediría ahora a Lidia Cordero que, por favor, pasará a recibir este homenaje para Esther.

 

Muchísimas gracias.

 

Presentadora: La señora Lidia Cordero Cabrero, Directora de Casa Amiga Esther Chávez Cano Centro de Crisis, A.C.

 

C. Lidia Cordero Cabrera: Muy buenas tardes.

 

Estimada Presidenta del Consejo para Prevenir y Erradicar la Violencia, estimadas personalidades que integran la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Violencia, estimadas personalidades que nos acompañan:

 

Agradezco el honor el día de hoy, ante ustedes, para recibir el Premio Póstumo por la Igualdad y No Discriminación Otorgada a Esther Chávez Cano, la mujer que desde hace 15 años ha sido una fortaleza, ejemplo de congruencia y piedra angular, no solamente en mi vida personal, sino profesional.

 

Quienes conocimos a Esther y su proyecto de vida, que caminamos a su lado, podemos hablar de un antes y un después, la vida misma, transitar como mujer y acompañar a otras mujeres toma un matiz diferente, no hay vuelta atrás.

 

A lo largo de más de 17 años Esther fue un faro internacional para que el mundo volcara su mirada a Chihuahua, a su amada Ciudad Juárez, para que el feminicidio, la violencia más extrema contra las mujeres, pudiese evidenciarse.

 

Fue pionera con una fuerza incansable en abrir un centro de atención y esperanza para mujeres y sus hijos e hijas, que ahora con el nombre “Casa Amiga Esther Chávez Cano”, en honor su fundadora, trabaja gracias a su impulso y su espíritu impregnado en sus paredes.

 

Su más grande herencia, un equipo de profesionistas que siguen dejando su corazón, empeño y amor cada día para construir un México más justo y equitativo.

 

Ella vio historias de terror muchas veces, incluso vio la muerte muy de cerca cuando una de las mujeres que decidió proteger fue asesinada en las puertas de Casa Amiga, en manos de su propia pareja.

 

Y a pesar del horror que podía narrar con mano firme para exigir justicia y dar voz a quienes no la tenían, pasó años haciendo honor a la vida, a la de ella, a la de otras mujeres, niñas y niños, reivindicando la idea de vivir con dignidad, de empoderarse para transformar su entorno y así, una semilla a la vez, transformar este país en uno incluyente, equitativo y digno para todos y todas.

 

También en honor a Esther cito una frase que dijo: “Así aprendí a gritar por las que no podían, a caminar con las que marchaban, a ayudar en la medida de mis posibilidades a las que lo necesitaban y a llorar muchas veces por y con tantísimas mujeres, niñas y niños, cuyas voces y cuyas vidas han sido y son aplastadas por la impunidad en nuestro estado y en nuestro país.

 

El trabajo que nos queda por hacer es mucho, el camino por delante es largo y arduo, pero llega el momento de que mi voz se apague para que se escuchen nuevas voces que lleven adelante la causa de las mujeres que, como dije, es también la causa de  los hombres, porque es la causa de una sociedad más justa, más democrática”.

 

Recibo con honor este premio en nombre de ella, de Esther, de la vida de las mujeres que han sido arrebatadas, de las que sobreviven y cuentan sus historias, de las que luchan cada día en Ciudad Juárez, de las que han aprendido a vivir con dignidad, de las que han cambiado su vida y la de sus hijos e hijas, y en nombre muy especial de mis compañeras de Ciudad Juárez, de Casa Amiga.

 

Conocer a Esther, conocer sus andanzas, ser testiga y parte de su obra, saberla entre nosotras y su lucha inmortalizada es un compromiso para buscar la vida, la dignidad y la libertad de las mujeres, y hacer honor a través de nuestras acciones a su frase compañera de batallas: “Existe esperanza”.

 

Muchas gracias.

 

 

 

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Presentadora: Escucharemos ahora el mensaje de Santiago Corcuera Cabezut, integrante de la Asamblea Consultiva de CONAPRED.

 

C. Santiago Corcuera Cabezut: Muy buenas tardes a todas las personas que integran el lugar de honor en esta importante ceremonia.

 

Muchas gracias a todas y a todos por acompañarnos en esta ocasión tan especial.

 

Para la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación es un gran honor otorgar el Reconocimiento Internacional por la Igualdad y la No Discriminación 2015 a Emily Arnold Fernández por su trayectoria en la defensa y promoción de los derechos de las y los solicitantes de asilo y personas refugiadas en el mundo.

 

Tan sólo el año pasado, alrededor de 60 millones de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares en todo el mundo a causa de desastres naturales, persecuciones, conflictos armados, guerras y no se había visto una crisis de tal magnitud en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Esta crisis humanitaria se ha desarrollado, sin embargo, en un contexto de creciente rechazo a las personas solicitantes de asilo y a las personas migrantes en situación irregular, apoyado por un fortalecimiento de nacionalismo, nativismo, que aboga por levantar muros y controles de fronteras ante lo que se percibe como una especie de amenaza a la seguridad o la identidad nacionales.

 

La situación exige acciones firmes para defender y renovar la tradición del reconocimiento del derecho a solicitar y recibir asilo en todos los países, en todos los rincones del globo y ofrecer soluciones efectivas para las personas refugiadas que vayan más allá de la asistencia en situaciones de emergencia.

 

Durante más de 10 años Emily Arnold Fernández ha encabezado un esfuerzo organizado para promover soluciones creativas, duraderas y sustentables de las que además no sólo se benefician quienes buscan asilo fuera de sus países de origen, sino también las comunidades que las y los acogen.

 

Como líder de Asylum Access, Emily Arnold Fernández ha trabajado incansablemente para empoderar a las personas solicitantes de asilo y refugiadas, para hacer valer sus derechos a la igualdad ante la ley, al empleo, a la libre circulación y al acceso a servicios financieros, de salud y de cualquier índole.

 

Sabemos que el trabajo es una de las principales herramientas que favorecen a la integración de las y los refugiados, y que no solamente permite proveer el sustento de sus familias, sino ayuda a contribuir al desarrollo económico y al enriquecimiento cultural de las sociedades de acogida.

 

México no es ajeno a esta problemática, no obstante que hemos buscado y logrado actualizar la legislación y ciertas políticas públicas sobre solicitantes de asilo y reconocimiento de la condición de personas refugiadas y protección internacional en congruencia con los estándares internacionales.

 

Aún encaramos serios retos en materia de detección de quienes requieren protección internacional, de una inclusión social y también, hay que decirlo, de nuestra posibilidad de respaldar en los hechos esa añeja tradición de hospitalidad y reconocimiento de la condición de solicitantes de asilo y personas refugiadas que con tanto orgullo caracterizaba a nuestro país.

 

La complejidad de la realidad migratoria del país, en la que se mezclan flujos de personas desesperadas que no tienen un país al que regresar como migrantes en situación irregular con otros fenómenos, como el tráfico de migrantes, la trata de personas, la desaparición forzada, ha puesto en entre dicho nuestras capacidades institucionales para, en primer lugar, y esto es determinante, llevar a cabo una identificación oportuna de las y los candidatos a ser reconocidos como refugiados y que seguramente serán muchas más de las que sugieren las escasas cifras de quienes logran tramitar con éxito la solicitud y obtener su reconocimiento de persona refugiada.

 

Un fenómeno íntimamente relacionado con las problemáticas que acabó de describir y este fenómeno que se vive en México es el del desplazamiento interno forzado.

 

En México hay decenas de miles de personas que han tenido que abandonar sus lugares habituales de residencia por temores fundados de persecución o por la violencia generalizada que se vive en esos lugares o por la violación masiva de derechos fundamentales en ciertas regiones del país, y por la atmósfera de violencia extrema que se sufre en regiones específicas y que por tanto esas personas se trasladan a otras partes del territorio nacional, pero que no cruzan la frontera.

 

La situación de estas personas desplazadas forzadamente no las convierte en refugiadas, simplemente porque la definición de personas refugiadas exige que se haya cruzado la frontera internacional de un país del que se huye a otro en el que se busca recibir asilo.

 

Pero la situación vivencial de las personas desplazadas internamente es idéntica que la de las personas refugiadas y exige la adopción de medidas legislativas y de políticas públicas equivalentes o análogas a las que se establecen para las personas refugiadas.

 

Nuestros compatriotas desplazados y desplazadas se encuentran en una situación desesperada, de abandono, desarraigo y pauperización.

 

El Estado mexicano está en deuda con estas personas y es urgente que de inmediato se formulen y se den a conocer programas nacionales de atención a personas desplazadas internamente y la creación de una unidad análoga a la comisión mexicana de ayuda a refugiados que se encargue de la ayuda a las personas desplazadas.

 

México está obligado a revitalizar sus políticas de asistencia a personas refugiadas y desplazadas, para lograrlo es urgente desactivar la puerta giratoria en la frontera sur que favorece el múltiple intento de cruce en condiciones de irregularidad y extrema vulnerabilidad.

 

El trabajo de organizaciones, como Asylum Access, ofrece el tipo de soluciones integrales que permiten brindar a las personas asesoría legal para que puedan conocer, reclamar y ejercer sus derechos, ofrecerles alternativas a la detención migratoria y otorgarles herramientas para una efectiva integración social y para la valoración de sus aportaciones a nuestra sociedad multicultural.

 

La Asamblea Consultiva del CONAPRED reconoce a Emily por su destacada aportación en impulsar a reconocer que la situación actual de las personas refugiadas alrededor del mundo demanda soluciones fuertes, poderosas, audaces, que pasen por recuperar las capacidades para que las personas refugiadas y desplazadas recuperen el control sobre sus propias vidas y permitirles el acceso a las herramientas para que desarrollen sus proyectos de vida.

 

Con este reconocimiento queremos llamar la atención sobre la necesidad de comprometernos todas y todos más allá del discurso, con los esfuerzos globales a favor de los derechos humanos, la integración y la vigencia del derecho a buscar y recibir asilo, y ser reconocida la condición de persona refugiada, así como la protección internacional y nacional para las personas desplazadas.

 

Emily ha llamado la atención sobre el postulado básico, el espíritu mismo de la protección que toda persona refugiada y desplazada merece en el sentido de recibir una oportunidad justa, de tener una nueva vida.

 

Muchas gracias, Emily, por los esfuerzos de los que tu equipo de colaboradores y tú misma en Asylum Access, tanto en nuestro país, como en otras latitudes en las que han contribuido con sus estrategias a la construcción de soluciones globales a favor de los derechos de la autonomía de las personas, del desarrollo y de la paz.

 

Muchas felicidades.

 

Te pido que si puedes pasar a recoger tu reconocimiento.

 

Presentadora: Escucharemos ahora las palabras de Emily Arnold Fernández, Fundadora y Directora Ejecutiva de Asylum Access.

 

C. Emily Arnold Fernández: Gracias.

 

Buenas tardes, señoras y señores.

 

Es un gran honor estar aquí con ustedes y recibir este reconocimiento, bueno, por mi papel, pero también por el papel de mi equipo, de todo Asylum Access, en la lucha por los derechos humanos de las personas refugiadas.

 

Los refugiados son personas que cuentan con un sólido sistema de protección garantizada en el derecho internacional, y eso es porque cuando una persona ha sido forzada por violencia o por persecución a huir de su hogar, al perder todo, perder la protección de su país, él o ella necesitan la más fuerte protección a sus derechos que podemos proveer.

 

Pero al mismo tiempo, en realidad, las personas refugiadas muchas veces son quienes sufren amplias y continuas violaciones de sus derechos humanos después de huir de su hogar, siendo extranjeros son siempre vulnerables a la discriminación y a la negación de sus derechos día tras día, a veces generación tras generación.

 

A nivel mundial más de la mitad de las personas refugiadas se encuentran en una situación prolongada, es decir, protracted situation, y eso significa que por lo menos 25 mil personas de un país son desplazadas de su país por más de cinco años, pero la realidad es que el tiempo promedio que una persona refugiada va a sufrir esta situación es 20 años.

 

Durante este tiempo la gran mayoría de ellos están encerrados en campamentos o dejados sin permiso para trabajar, asistir a las escuelas locales o sin ser permitidos a moverse libremente sin la amenaza constante de la detención y la deportación, por 20 años.

 

Aquí en México, gracias a organismos como el CONAPRED y a la COMAR, ustedes han evitado, han dicho no a algunas de las peores violaciones de los derechos humano que las personas refugiadas suelen enfrentar.

 

Con mi organización Asylum Access trabajó en lugares como Tailandia, en países como Tailandia, donde los refugiados, incluso niños y niñas, pueden ser detenidos sólo por estar en el país, detenidos en condiciones que caben en la definición de tortura por un tiempo promedio de 12 años encarcelados.

 

También en Tanzania, aunque el país está haciendo grandes avances para el reconocimiento de los derechos humanos de los refugiados, en este país sigue siendo la situación hoy que los refugiados están obligados a vivir en un campamento, encerrados entre alambres de púas, sin permiso de salir.

 

Aquí en México las cosas son distintas y eso es un testimonio que refleja el trabajo importante de sus organizaciones no gubernamentales, de sus académicos y de sus organismos de Estado que siguen luchando para que pare la discriminación y asegurar que los derechos humanos sean ejercidos en igualdad por todos.

 

Pero también aquí hay necesidad de ajustar algunas cosas, aún en México continúa la situación de imponer barreras innecesarias a las personas que están buscando asilo y una vida segura.

 

Aún se niega el permiso de trabajar a los refugiados que están en el proceso, o sea, quienes aún no han sido reconocidas.

 

Este proceso puede durar como cinco meses o más, durante este tiempo los refugiados tienen que elegir entre no proveer para su familia o trabajar sin permiso siendo vulnerables a la discriminación y la explotación.

 

Asimismo, las personas refugiadas que aún están en el proceso no tienen el derecho de libre movilidad, además se siguen encontrando situaciones de detención a solicitantes de asilo de la condición de refugiado, lo que provoca en muchas ocasiones la desestimación de los casos.

 

Yo sé que el Gobierno de México, a través de organismos como CONAPRED está dando pasos para mejorar estos problemas y otros, y creo, con todo mi corazón, que México puede llegar a ser modelo para todos los países, no sólo en América Latina o en el hemisferio oeste, pero en todo el mundo.

 

Asylum Access y yo estamos listos a ayudarles en cualquier manera que podamos para continuar las andanzas, para honrar los derechos humanos de los refugiados y asegurar que ellos, como todos, puedan disfrutar sus derechos sin discriminación.

 

Les agradezco mucho la oportunidad de compartir mis pensamientos y, aún más, les agradezco el gran honor de ser reconocida aquí hoy.

 

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentadora: Cedemos el uso de la palabra a Ricardo Raphael de la Madrid, integrante de la Asamblea Consultiva del CONAPRED.

 

Ricardo Raphael de la Madrid: Buenas tardes.

 

Saludo desde aquí al Subsecretario de Gobernación, Roberto Campa, a nuestra anfitriona Alexandra Haas, a todas y todos quienes coincidimos en esta celebración anual para festejar las luchas y las buenas cosas que también suceden en México y en el mundo.

 

Abel Barrera Hernández es un hombre conocido por todas y todos, hoy viene a esta ceremonia para hacerlo dos veces, para ser reconocido por la Asamblea del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, CONAPRED, una institución que pertenece al Gobierno Federal y que al mismo tiempo es logro y patrimonio de la sociedad.

 

No es la primera vez que Abel Barrera recibe la distinción pública por una vida dedicada a luchar a favor de los derechos humanos y también a construir instituciones democráticas.

 

Ya se dijo antes, en 2010 obtuvo el Premio Robert F. Kennedy de Derechos Humanos y tres años antes el Centro por los Derechos Humanos de la Montaña de Tlachinollan, institución que él fundó hace 22 años, recibió el MacArthur Award.

 

Hay otros premios, sin embargo, esta es la primera vez que un organismo mexicano, público y de gobierno, reconoce su labor en Guerrero.

 

¿Por qué la Asamblea Consultiva de CONAPRED decidió entregar a Abel Barrera su distinción anual más importante?

 

Está pregunta se la hizo él y no fue el único, a mí me toca responder esa pregunta.

 

Para hacerlo, quiero comenzar narrando, la primera noticia que hace como ocho años tuve sobre la labor que el Centro Tlachinollan de la Montaña de Guerrero estaba haciendo.

 

Por mi trabajo periodístico entrevisté a los abogados que apoyados, justamente por esta organización, habían presentado una serie de amparos con el objeto de lograr la construcción de una clínica de salud en la comunidad de Mini Numa, que pertenece al Municipio de Metlatónoc.

 

Hay que decir que los lineamientos del Gobierno de Guerrero decía que no se podía construir una clínica así en poblaciones que no tuvieran al menos 2 mil 500 habitantes, no sé con cuántos dedos de esta mano pudo contar las poblaciones que tienen más de 2 mil 500 habitantes en Guerrero, pero no son muchas.

 

El hecho me sorprendió porque era la primera vez en México que se buscaba proteger derechos sociales por la vía del amparo, instrumento utilizado para otras cosas, pero no para proteger derechos sociales.

 

Hay que decirlo, toda una revolución en un sistema judicial que tiende a ser conservador y que siempre había visto a la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, como derechos de segunda, o como los abogados dicen: “Derechos prestacionales”.

 

Al final esta acción legal triunfo y con ello Tlachinollan y la comunidad de Mini Numa sentaron un precedente jurídico fundamental a favor y, sobre todo, de las poblaciones indígenas.

 

Por aquellos años Abel Barrera y Tlachi, como se conoce su organización en el mundo de los derechos humanos, también emprendieron la defensa de dos mujeres mixtecas, Inés Fernández y Valentina Rosendo, quienes el año de 2002 hubieran sido torturadas y violadas por elementos del Ejército Mexicano.

 

Ante la negativa del Ministerio Público para proceder en contra de los victimarios y, por tanto, ante la imposibilidad de dar cauce legal a esta injusticia dentro de las fronteras de nuestro país, Abel impulsó, junto con los abogados de Inés y Valentina, un recurso; primero, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y luego ante la Corte Interamericana, como resultado, en 2012 los agresores fueron aprendidos y el Estado mexicano ofreció una disculpa pública.

 

Con este caso Tlachinollan mostró la existencia de una ruta de emergencia para que los más vulnerables y discriminados en nuestro país pudieran obtener justicia cuando las instituciones nacionales fallan.

 

El compromiso con las víctimas ha llevado a que Abel se convierta en un líder social reconocido por las comunidades nahuas, mixtecas, tlapanecas, amuzgas y mestizas de La Montaña, y también en la Costa Chica de Guerrero.

 

Ha estado detrás de casos emblemáticos y también de episodios graves, como lo fue el Huracán Manuel o la desaparición de normalistas en Iguala la madrugada del último jueves de septiembre de 2014.

 

Aquí podría cerrar mi intervención si no fuera porque hoy también debe destacarse que durante estas décadas de trabajo Abel Barrera ha enfrentado injustamente crítica y denostación.

 

Por ejemplo, el segundo domingo de diciembre de 2014 un medio de comunicación, Reporte Índigo, afirmó contar con un documento del CISEN donde se consideraba a este luchador como un elemento peligroso para la gobernabilidad del país.

 

Años atrás, en la época de Zeferino Torreblanca, como gobernador de Guerrero, Barrera ya había escrito sobre la frecuente criminalización del trabajo de los defensores de derechos humanos, cuando se cataloga a los luchadores como lucradores y a sus manifestaciones públicas como meros chantajes políticos.

 

Frente a la descalificación vale decir que la trayectoria de Abel Barrera siempre ha sido transparente, intensa y pública, es un hombre que sabe dar la cara ante la gente, ante los medios y ante las instituciones.

 

Si bien se trata de un personaje crítico, y me pregunto quién podría no serlo viniendo de La Montaña de Guerrero, nunca se apartado del camino de las instituciones para lograr el avance de los más desaventajados y ha actuado dentro de las instituciones siempre para fortalecerlas.

 

Este luchador tiene ante todo un compromiso sin fisuras con las víctimas, de ahí su capacidad para inspirar a todas y a todos.

 

“El infierno son los otros”, escribió un día Jean Paul Sartre, esta frase significa, como pocas, a nuestro presente mexicano.

 

Desde lados opuestos de un mismo malestar solemos reclamar al de enfrente por ser la razón de nuestro infierno.

 

Bien nos haría completar el argumento con otra sentencia del poeta Mahou: “Yo soy el otro”, ese otro que también puede ser el infierno.

 

Mientras no seamos capaces de reconciliarnos entre mexicanos tenemos poca esperanza para resolver la crisis de violencia y de desigualdad que tanto mal nos provoca.

 

La reconciliación alrededor de la verdad transforma a los seres humanos, no sólo porque permite tomar conciencia de los problemas comunes, sino también porque lleva a detectar y remover sus causas.

 

Este reconocimiento de CONAPRED, institución del Gobierno de la República, es para Abel Barrera y al mismo tiempo quiere ser una mano que se tiende hacia la reconciliación sincera entre los diferentes que sí son capaces de ver en el otro a un ser humano y no al infierno.

 

Esta distinción celebra a la lucha común en contra de las causas injustas, sistemáticas y asimétricas que todos los días reproducen discriminación y desigualdad en contra de las personas indígenas.

 

Fue Mahatma Gandhi quien lo dijo: “La verdad y la no violencia son más antiguas que las montañas”.

 

Porque La Montaña de Guerrero se merece verdad y no violencia. Gracias, Abel, por persistir a contracorriente en tu lucha y convicciones.

 

Permítenos entregarte este reconocimiento.

 

Presentadora: El señor Abel Barrera Hernández, Director de Tlachinollan Centro de Derechos Humanos de La Montaña.

 

C. Abel Barrera Hernández: Buenas tardes.

 

Agradezco al CONAPRED y a su Asamblea Consultiva por este reconocimiento.

 

Mi gratitud es doble, a nadie escapa que en los últimos tiempos el trabajo que hacemos en Tlachinollan, sobre todo por el caso Ayotzinapa, es objeto de múltiples denostaciones.

 

Frente a esas campañas infundadas este premio nos arropa. Gracias.

 

Agradezco a los pueblos me phaa, na savi y nahuas de la costa, que nos enseñaron a caminar en la montaña y a beber el borbollón de su sabiduría milenaria.

 

A esos hombres y mujeres de acero, hijos e hijas de la lluvia, del fuego y del trueno que nos han dado cátedra de cómo se ejercitan los derechos humanos en las condiciones más adversas.

 

Cuando hace más de dos décadas empezamos a brindar asesoría gratuita en un pequeño cuarto del hotel de Tlapa no sabíamos bien qué eran los derechos humanos.

 

Pero cuando veíamos que la Policía Judicial bajaba amarrada a los na savi, me phaa o nahuas a Tlapa para infringirles los peores tratos a causa de su monolingüismo, sabíamos que eso era una injusticia, que esa era la perversidad del poder contra los más indefensos.

 

Lo mismo nos ha ocurrido frente a la discriminación, no somos expertos en la jurisprudencia del derecho a la igualdad, pero hemos aprendido a desentrañar las múltiples formas de discriminación contra los pueblos indígenas del México contemporáneo.

 

Aprendimos qué es la discriminación, como ya decía aquí el maestro Raphael, las luchas de Inés Fernández y Valentía Rosendo fueron ejemplares, ambas mujeres torturadas sexualmente por elementos del Ejército Mexicano, caminaron más de ocho horas desde sus comunidades hasta el Ministerio Público para enfrentarse a un sistema de justicia racista, que no sólo fue indiferente a su identidad étnica, sino que además pretendió someterlas a una jurisdicción incompetente, discriminatoria en sí misma, el fuero militar.

 

Con el acompañamiento de Tlachinollan Inés y Valentina llegaron hasta la Corte Interamericana, venciendo la violencia institucional castrense y sentando precedentes a nivel regional sobre la tortura sexual.

 

Supimos qué es la discriminación caminando en los ejidos y comunidades, en el Acapulco rural, con las comunidades opositoras a la presa La Parota, a quienes nadie les preguntó si querían seguir siendo campesinos antes de decidir que en sus tierras se construiría una hidroeléctrica.

 

Con el acompañamiento de Tlachinollan el SECOB logró revertir esa arbitraría determinación y defender con su acero en la mano el Río Papagayo.

 

Conocimiento de la discriminación defendiendo a la comunidad na savi, de Mini Numa, en ese enclave olvidado de Metlatónoc las niñas y los niños morían de diarrea debido a la ausencia de servicios de salud.

 

La organización comunitaria y la imaginación jurídica de Tlacinollan contribuyeron a que la comunidad alcanzara una inédita sentencia para garantizar su derecho a la salud.

 

Entendimos qué es la discriminación cuando las tormentas de Ingrid y Manuel destruyeron buena parte del Estado de Guerrero, mientras se tendía un puente aéreo para que los turistas del Acapulco Diamante volvieran a sus casas, los pueblos arrasados de La Montaña no eran ni siquiera reconocidos como damnificados, no se veían en la televisión.

 

Se conformó entonces un consejo de pueblos afectados que a base de movilizaciones diseñó, propuso y obtuvo un programa emergente para garantizar su derecho a la alimentación.

 

Comprendimos qué es la discriminación cuando nos enteramos que en La Montaña de Guerrero había 200 hectáreas concesionadas sin consulta previa a grandes empresas mineras.

 

Con asesoría de Tlachinollan una de las comunidades afectadas, Júba Wajiín, Me'phaa o San Miguel del Progreso en castellano, interpuso la demanda que hoy es el modelo a seguir por los muchos pueblos indígenas que defienden su territorio contra las industrias extractivas.

 

Sopeamos, en fin, el tamaño de la discriminación cuando decidimos caminar desde el primer día con las familias de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, quienes hasta hoy permanecen desaparecidos.

 

Así conocimos de cerca la zozobra de doña Cristi, mamá de Benjamín, el dolor de don Leocadio, papá de Mauricio; la pena de Damián o su hija Librada, papá y hermano de Felipe, hombres y mujeres indígenas de La Montaña, que soñaban con que sus hijos fueran maestros para que no enfrentaran la discriminación estructural que a ellos les excluyo.

 

Hoy estos padres y estas madres siguen demandando saber lo que ocurrió, desafiando con dignidad los intentos de construir verdades históricas, carentes de pruebas sólidas.

 

Para Tlachinollan estos procesos han representado el desafío de ver de frente el rostro más atroz de la discriminación, sin por ello quedarnos petrificados o inmóviles.

 

Estas luchas han representado el desafío de tener que trabajar por la esperanza en medio del horror, un horror que en los últimos años ha llegado a la barbarie.

 

Sabemos por eso que la discriminación envilece a quien la profiere y lástima a quien la padece.

 

Hoy revertir la discriminación contra los pueblos indígenas no implica no sólo acatar una obligación jurídica, sino apostar por una civilización que tenga futuro.

 

Con la fortaleza de su tejido comunitario, con su arraigo a la Madre Tierra, con sus prácticas de democracia participativa, los pueblos originarios de México son los grandes maestros, porque son el reservorio moral del México profundo, el olvidado de la patria, el México donde los grandes illa de la justicia comunitaria son pisoteados.

 

Durante más de 20 años el esfuerzo de Tlachinollan ha querido resumirse en la bella idea de Luis Villoro, todos somos conscientes de la crisis por la que actualmente pasa nuestro país.

 

Nos preguntamos: ¿A dónde vamos?

 

La vía está, tal vez, en recuperar la comunidad.

 

Muchos de nuestros compatriotas guardan aún un ideal comunitario que puede oponerse al desamparo de nuestra sociedad individualista.

 

Las comunidades indígenas renuevan este ideal y están ahí, a nuestro lado, para incitarnos con su ejemplo.

 

Nuestro más sentido anhelo es contribuir incansablemente a que la ejemplar vida comunitaria de las personas, de las comunidades, de los pueblos indígenas de La Montaña, pueda brillar con la luz que durante siglos ha sido atesorada en esos filos agrestes, a pesar de la persistente discriminación.

 

A este sueño de los pueblos indígenas nos aferramos en estos tiempos oscuros.

 

Agradezco nuevamente al CONAPRED y a la Asamblea Consultiva por este premio.

 

Lo dedico a los padres y a las madres de Ayotzinapa, quienes luchan porque veamos un México donde lo único que desaparezca sea la injusticia y la discriminación.

 

“Porque vimos se los llevaron, vivos los queremos”.

 

Muchas gracias.

 

Presentadora: Cedemos el uso de la palabra a Clara Jusidman, quien nos dirigirá un mensaje a nombre de la Asamblea Consultiva del CONAPRED.

 

C. Clara Jusidman Rapoport: Buenas tardes a todos y todas.

 

Agradezco la oportunidad, realmente, de leer el mensaje que Mauricio Merino venía a dar en este evento en donde nos llenamos de alegría, pero también sentimos un enorme dolor.

 

La alegría por reconocer a compañeros y compañeras defensoras de derechos humanos que por tanto tiempo han sido marginados y poco reconocidos por la institucionalidad pública.

 

Pero también el dolor porque representan el silencio, la invisibilidad, el desconocimiento, el sufrimiento que tienen miles y millones de víctimas en nuestro país.

 

Voy a leer el mensaje de Mauricio, Mauricio lamentablemente se sintió mal y tuvo que retirarse, y tanto él como yo, es el último evento de este tipo, es muy emocionante para la Asamblea poderlo llevar a cabo, porque nos retiramos ya de la Asamblea Consultiva de CONAPRED este año.

 

Entonces, a manera de despedida también leemos este mensaje.

 

Durante seis años he tenido el privilegio de compartir con mis colegas de la Asamblea Consultiva estos momentos inolvidables, la deliberación franca y directa sobre los temas y los perfiles de quienes merecen el Premio Nacional de Igualdad y No Discriminación, y la emoción de estos eventos.

 

Estas horas en las que tenemos la oportunidad única de convivir con las personas a las que hemos decidido reconocer por su valentía, por su compromiso con las mejores causas, por sus trayectorias, por el ejemplo que han dado día a día.

 

Siempre hay algo mágico en estos encuentros por lo que se dice, por el sustrato vital de las palabras que se pronuncian y por el sentido de acción necesaria, urgente, que está detrás de esas palabras.

 

Cada año, sin embargo, al concluir la entrega de los premios, me hago las mismas preguntas que hoy quiero formular en voz alta:

 

¿Cómo podemos reconciliarnos?

 

¿Cómo podemos romper las murallas que nos separan?

 

¿Qué podemos hacer para quienes denuncian los agravios sufridos por los débiles y los más vulnerables puedan volver a confiar en quienes representan algún rasgo de autoridad, y, a su vez, cómo podríamos hacer que estos últimos, quienes actúan del lado de los gobiernos, confíen y tomen las manos de quienes denuncian esos abusos, exclusiones deliberadas, actos de corrupción, prepotencia e impunidad?

 

¿Cómo podemos reconciliarnos?

 

Con toda sinceridad no tengo respuesta para esas preguntas, tengo conjeturas, pero no puedo dejar de observar que a pesar de todo estos premios los otorga un organismo del Gobierno de México adscrito a la Secretaría de Gobernación a través de una asamblea integrada por ciudadanos independientes.

 

Estos premios son aún tiempo, un símbolo que subraya esos mundos de vida donde  la discriminación mata, literalmente a quienes la sufren, y un mensaje de esperanza para que esos agravios dejen de suceder.

 

Nos podríamos leer estos mensajes como una clave para la acción compartida, no sería más fácil escucharlos sin desconfianza.

 

El Gobierno mexicano está obligado a actuar en contra de la discriminación, no es una cuestión optativa, tiene que hacerlo porque así lo dictan las normas y así lo exigen las circunstancias cada vez más difíciles que vive el país.

 

La ley, la ética y hasta el más elemental sentido de sobrevivencia política convocan al gobierno de México a combatir estas formas brutales de discriminación.

 

No le sería más fácil y más productivo hacerlo codo a codo con quienes han dedicado su vida completa a esta lucha, no es obvio que son mejores aliados.

 

Del otro lado pregunto: ¿De veras podemos hacer tabla rasa de todas las personas que trabajan para el gobierno?

 

Todos ellos son dignos de desconfianza, también los de CONAPRED, cómo entonces estamos aquí entregando estos premios. 

 

No, no es cierto, que todas sean la misma cosa.

 

He aquí formas de discriminación que también deberíamos de aprender a cambiar.

 

Tengo para mí que hay abismos construidos con nuestros perjuicios, ganados a pulso, es cierto, pero prejuicios al fin que han impedido ensanchar nuestra capacidad de reconciliarnos con quienes quieren hacerlo y quieren actuar entrelazados por las causas que perseguimos y que todos y todas de un modo o de otro nos están causando un enorme daño.

 

¿Podríamos reconciliarnos a pesar de nuestras distancias, agravios y diferencias?

 

No creo que haya otra forma de combatir la discriminación que hablando de igual a igual.

 

Pero esto también es una pregunta: ¿Podríamos hablarnos de igual a igual?

 

Sólo tengo una convicción y con ella termino, si esta reconciliación no es posible, respetando todas nuestras diferencias y nuestra diversidad, tampoco durara por mucho más tiempo la ilusión de construir un país democrático igualitario y justo.

 

Creo que es urgente volver a abrazarnos y volver a soñar.

 

Mauricio Merino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentadora: Escucharemos ahora el mensaje del licenciado Roberto Campa Cifrían, Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación.

 

C. Roberto Campa Cifrían: Buenas tardes a todas, a todos.

 

Saludo desde aquí a Mauricio Merino, el Presidente de la Asamblea Consultiva de CONAPRED, haciendo votos por su restablecimiento, tuve oportunidad de hablar con él por teléfono un poco antes de comenzar el evento, ya rumbo al hospital, después de haberse sentido mal, confiamos en que estará muy bien y, reitero, hago votos aquí por su restablecimiento inmediato.

 

Saludo con mucho respeto a las y los integrantes de la Asamblea Consultiva de CONAPRED.

 

A Alexandra Haas, la Presidenta de CONAPRED, a Abel Barrera, a Emily Arnold Fernández, a Lidia Cordero Cabrera, en el reconocimiento póstumo, y a Pedro Sergio Peñaloza Pérez.

 

Saludo también a quienes representan en esta reunión a organizaciones de la sociedad, a organizaciones no gubernamentales, a personas involucradas con los aspectos de la no discriminación de la defensa de los derechos humanos, académicos, activistas.

 

Saludo también a mis compañeras y compañeros integrantes de distintas dependencias del Gobierno Federal, a la Presidenta de INMUJERES, al Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda, al Subsecretario del Trabajo, al Director General de Derechos Humanos de la Secretaría de la Defensa Nacional, al resto de mis compañeros que representan a dependencias del Gobierno Federal, a quienes representan a los gobiernos locales, particularmente al Gobierno del Distrito Federal, señoras, señores, integrantes de los medios de comunicación.

 

Primero, agradecer la oportunidad, el privilegio de estar aquí en un evento que busca reconocer a personas y organizaciones que se han distinguido por impulsar acciones para una cultura de igualdad y de no discriminación.

 

Estar aquí es un privilegio personal y representar al Secretario de Gobernación es un doble privilegio.

 

En México existen muchas personas y organizaciones que son un referente en la defensa por la igualdad y los derechos, tenemos una sociedad con una gran riqueza, reconocida cada vez más en el mundo.

 

La sociedad mexicana ha hecho contribuciones fundamentales en la consolidación de los principios internacionales de derechos humanos.

 

Quiero hacer un reconocimiento en ocasión de la entrega de estos merecimientos y señalar, como primer punto de mi intervención, el compromiso del Gobierno de México en la protección de las y los defensores de derechos humanos.

 

Las sociedades necesitan de personas que trabajen especialmente en la defensa de los derechos de los otros, no podemos menos de reconocer el valor humano y social que esta labor representa.

 

Detrás de cada defensor, de cada defensora de derechos humanos descansa una convicción del valor de cada persona, de su dignidad más profunda.

 

Por ello, garantizar la seguridad y las condiciones para el trabajo que realizan es una forma de promover los derechos humanos de todos.

 

Por estas razones para el Gobierno de la República es una prioridad, es una línea fundamental de política, de derechos humanos, la protección de las y los defensores.

 

Desde el mecanismo de protección a defensores y periodistas trabajamos todos los días en esta tarea y aunque estamos conscientes de que nos falta mucho por conseguir, debo señalar que ha sido un espacio privilegiado para aprender con más detalle las necesidades y las dificultades que enfrentan en su tarea.

 

Expreso el compromiso de la Secretaría de Gobernación para avanzar, para generar mecanismos, instrumentos y políticas para garantizar a las y los defensores seguridad, libertad de expresión y acceso a la justicia.

 

Es un privilegio compartir con ustedes este común reconocimiento a cuatro personas que han trabajado de manera excepcional en la promoción de derechos, particularmente a favor de la igualdad y en contra de cualquier asomo de discriminación.

 

En la historia de la humanidad la lucha por la igualdad entre todas las personas ha acompañado su devenir y fueron, precisamente en este ámbito, donde se dieron las primeras conquistas de la lucha por los derechos humanos, una lucha permanente, porque siguen siendo muchos de los ámbitos donde se marcan injustas diferencias entre las personas que les niegan o cancelan oportunidades.

 

Este es un reto que México asume como Estado y que a través de instituciones como CONAPRED y otras que existen en otros estados del país se trabaja permanentemente para promover una cultura de igualdad y por erradicar las diferentes formas de discriminación que aún existen en el país.

 

Quiero destacar que a partir de la Reforma Constitucional de Derechos Humanos del 2011 tenemos una obligación primordial por defender la dignidad de cada persona.

 

En esta reforma se modificó además, como ustedes saben, la cláusula constitucional antidiscriminatoria, por lo que debemos considerar que en la tarea de implementar la reforma, que es una de las prioridades de esta política, debe trabajarse por difundir y aplicar este mandato, precisamente, porque en los derechos humanos no existen jerarquías, el compromiso debe ser por luchar contra la discriminación de cada grupo y de cada persona.

 

Es esta la visión con la que estamos trabajando.

 

Quiero destacar el caso de la población afroamericana y de los grupos de la comunidad con distinta orientación sexual, entre otros.

 

Avanzar en la igualdad y en la no discriminación requiere de una acción constante y focalizada por parte de las autoridades.

 

En este sentido, celebramos el trabajo que se realiza desde la institución del Consejo con las facultades reforzadas con las que ahora cuenta para combatir con más eficacia las acciones de discriminación.

 

Precisamente el evento de hoy en el que se entregan estos reconocimientos es una forma en la que se envía un mensaje a la sociedad mexicana, destacando el valor que hemos de darle al trabajo proactivo y afirmativo en favor de la igualdad.

 

Me sumo a los reconocimientos que se hacen el día de hoy y les expreso mi más sincera felicitación.

 

A Abel Barrera por su trabajo en materia de defensa de los derechos humanos, de la igualdad y la no discriminación de personas indígenas en situación de vulnerabilidad, de manera particular en el Estado de Guerrero, donde existe una enorme necesidad de generar mayores condiciones de igualdad.

 

Le reitero que nuestro compromiso en el caso común de Ayotzinapa es alcanzar la verdad, garantizar la justicia, que todos aquellos responsables paguen por lo que hicieron, atender a las víctimas, atender los derechos de las víctimas, garantizar y hacer que finalmente seamos capaces de garantizar que un evento terrible como éste no se repita.

 

A Emily Arnold Fernández, por su labor de defensa legal de los derechos humanos de mujeres, niñas, niños y otros grupos vulnerables.

 

A la institución México Negro, por el papel tan importante que ha desempeñado para impulsar el reconocimiento constitucional de la población afroamericana en nuestro país, que es, por cierto, uno de los principales compromisos del Programa Nacional de Derechos Humanos.

 

Como homenaje póstumo, a la gran labor realizada en vida por Esther Chávez Cano, quien en su legado dejó sembrada la semilla para que su causa siga viviendo en la lucha de muchas mujeres que buscan una sociedad libre de violencia de género.

 

A Esther Chávez se le puede considerar una de las pioneras de la lucha contra el feminicidio en nuestro país.

 

Muchas felicidades, que la entrega de estos reconocimientos sirva de ejemplo y de impulso para todas y para todos.

 

Señoras y señores:

 

Hoy es una gran ocasión para mandar estos mensajes a favor de los defensores y defensoras de derechos humanos, y la igualdad de todas las personas en México.

 

Nuestro país es una gran nación, es una gran sociedad que, sin que podamos negar las dificultades que enfrentamos, tiene la fuerza y el potencial para sobreponerse y lograr las condiciones de igualdad y de justicia que requiere la sociedad y que merecemos.

 

Nuestra gran fuerza, nuestra gran riqueza, está en las personas, en sus convicciones, en sus valores.

 

Estamos seguros de que los ejemplos que hoy hemos resaltado se repiten de manera anónima en muchos lugares de nuestro país y eso nos debe alentar.

 

Los derechos humanos deben ser causa común que nos una, que nos identifique, nunca razón para enfrentarnos, nunca razón para dividirnos.

 

Por todo ello, agradezco nuevamente esta invitación y les reitero el compromiso del Gobierno del Presidente Peña Nieto para construir con todas y todos una sociedad de derechos con igualdad y sin discriminación.

 

Muchas gracias.

 

Presentadora: No queremos despedirnos sin reconocer la labor de los intérpretes de lengua de señas mexicanas: Gabriela Herrera y José Luis Magaña.

 

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y su Asamblea Consultiva, agradecemos su presencia en esta Décima Edición de la Entrega de los Reconocimientos por la Igualdad y la No Discriminación en su versión 2015.

 

Que tengan una excelente tarde.