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Maltratan a adultos mayores empacadores

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México, D.F., 22 julio 2009.-El plan de “empacadores voluntarios” inició en 2003 con el noble objetivo de proporcionar trabajo a los adultos mayores, pero con el paso de los años se ha visto empañado por casos de discriminación y maltrato.
 
El 20 de junio de ese año, la cadena de autoservicio Soriana —antes Gigante— adoptó el programa de empacadores, por lo que ya no sólo los niños se empleaban como cerillitos.
 
A seis años de ese convenio se han denunciado algunos casos de adultos mayores obligados a realizar actividades riesgosas para su integridad física, que sufren discriminación e incluso despido injustificado, pese a no haber contrato de trabajo, como ha ocurrido en el Soriana de El Rosario, en Azcapotzalco.
 
Pero las quejas no sólo son por problemas laborales, pues algunos directivos y empleados los tachan de “inservibles, lentos y flojos”, además de ser tratados a gritos con frecuencia.
 
A sus 75 años de edad, Enrique Olivo y Bonilla batalló para hallar un trabajo que le redituara ingresos y sentirse útil. A través del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) encontró en 2004 un espacio como empacador en la tienda de El Rosario.
 
Durante cinco años trabajó sin problemas, organizándose con sus compañeros para rendir más, pero todo cambió con la nueva administración; la actitud de los jefes se transformó y ellos pasaron a ser “estorbos” o “achichincles”. “Nos ponen a recoger los carritos que los clientes dejan por todo el estacionamiento; también nos han puesto a subir paquetes de bolsas de plástico al primer piso de la tienda. Yo he sabido de casos como en la Comercial Mexicana, donde los han puesto a lavar los baños”, explicó Enrique Olivo.
 
Otro afectado, a quien llamaremos “don Alfonso” porque pidió no ser identificado por temor a ser despedido, dijo: “Nos dan sólo cuatro bolsas cuando hay más gente. Nosotros tenemos que andar vuelta y vuelta; a veces vamos a pedir cambio y nos ignoran, nos dicen ‘¡Espérese!’, o se dan la media vuelta y se van”.
 
Añadió que los empacadores dependen sólo de las propinas, y a veces los clientes se molestan por la tardanza y no les dan nada.
 
Según el programa, los adultos y los niños se alternan en turnos de 30 minutos de trabajo y descanso durante cinco horas.
 
A sus 64 años, “don Alfonso” llega todos los días en bicicleta al Soriana y en sus descansos le ordenan traer carritos.
 
“En esa media hora que descansamos nos dicen: ‘¡Váyanse por carros! ¡Váyanse por precios!’; no lo piden por favor ni nada. ¡No, nos pagan para que nos manden!”, relató.
 
Enrique Olivo constantemente se quejaba. Nunca le hicieron caso y lo vieron como un hombre conflictivo. Finalmente, le reprocharon haber recibió una tarjeta canjeable por mercancía de la tienda que le regaló un cliente como propina. Eso le costó su trabajo, y aunque el Inapam tiene la información de que fue reubicado, la realidad es que el gerente José Luis Silverio lo despidió y dio instrucciones para que no lo dejaran entrar en la zona de cajas.
 
EL UNIVERSAL habló con el gerente para pedir su postura sobre las acusaciones; sin embargo, el administrador optó por remitir a este diario al área de Relaciones Públicas de Soriana, y proporcionó un número 01800 en el que nunca se pudo establecer contacto.
 
Asimismo, en una junta con los demás adultos mayores quedó la advertencia de despido para cualquiera que recibiera propinas en especie, pese a que nunca antes se les informó de tal disposición.
 
La señora Guadalupe era empacadora voluntaria, y en un acarreo de carritos de supermercado se cayó y uno se le vino encima.
 
Le pegó en la cabeza y en la pierna, se lastimó la columna vertebral y dejó de trabajar, estaba en recuperación, sin embargo, sin avisarle ya fue borrada de la lista empacadores.
 
Hace unas semanas fue llevada por sus familiares, quienes la tuvieron que cargar, sólo para recibir la noticia de que ya no era útil y que no podía regresar a su puesto.
 
Adultos sin protección
La Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo del Distrito Federal informó que los adultos empleados como empacadores voluntarios no tienen protección laboral como ocurre con los menores de edad, quienes no pueden ser obligados a realizar actividades diferentes a las convenidas, ni se les puede dejar salir después de las 22:00 horas.
 
“Un adulto mayor ya está consciente de todo esto. Es como los gasolineros, que en la mayoría son adultos jóvenes y no tienen ninguna situación laboral con la gasolinería, y ganan de lo que les da cada quien que llega a cargar combustible. No hay contrato, no hay prestaciones, no hay ninguna seguridad social, como los adultos que están en las tiendas de autoservicio”, explicó Héctor Ramos, vocero de la Secretaría del Trabajo.
 
El Inapam subrayó que los niños empacadores deben contar con varios permisos de sus padres y de la delegación, e informar a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), así como asistir a la escuela, tener buenas calificaciones y ser mayores de 13 años.
 
A diferencia de los niños, los adultos mayores se comprometen a cumplir un horario, ayudan a los supervisores a controlar a los menores, y esta relación intergeneracional es satisfactoria para ambos grupos, así como para el personal del autoservicio.
 
La dependencia reconoció que la única protección laboral que tienen es la de pensionado o jubilado por su empleo anterior.
 
“Por ello son denominados ‘empacadores voluntarios’. Ni la empresa ni el Inapam están obligados a asumir responsabilidad por cualquier situación que se presente”, externaron, aunque se aclaró que cuentan con la asesoría jurídica.
 
Para que un adulto mayor sea aceptado como empacador debe tener buena salud y contar con seguridad social, pues la empresa no le otorga ningún tipo de prestación.
 
La dependencia estimó que los adultos mayores pueden obtener remuneraciones que van de 100 a 200 pesos diarios, y en temporada navideña hasta 800 pesos al día.
 
A pesar de las actitudes de las administraciones de algunas tiendas, el Inapam afirma que los clientes consideran que son serviciales, saben empacar los alimentos y dan buen trato, además de un ahorro significativo en el dispendio de bolsas, ya que a diferencia de los menores, empacan la mercancía de tal forma que no afecta los productos del cliente.
 
Las quejas
El Inapam explicó que las quejas han sido esporádicas, pues los adultos se comprometen a mantener una disciplina dentro y fuera del centro de trabajo, evitando al máximo cualquier conflicto con sus compañeros, personal de las tiendas y clientes.
 
Además, los convenios de colaboración especifican en sus cláusulas que los empacadores voluntarios no pueden deambular por otras áreas diferentes a las de sus funciones.
 
El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) indicó que de enero de 2004 a julio de 2009 recibieron 15 quejas y 33 reclamaciones, teniendo como causa la edad (en el caso de los adultos mayores) en el ámbito laboral.
 
José Tomás Romero Ruvalcaba, subdirector de Vinculación del Conapred, detalló que la discriminación tiene qué ver con el trato diferenciado a una persona y el menosprecio.
 
Dijo que si ahora tenemos problemas con la discriminación de la tercera edad, para el año 2050, con 36 millones de adultos mayores, el fenómeno será más grave.
 
La oportunidad de adultos mayores de trabajar como empacadores voluntarios es buena en sí misma, pero aseguró que se debe revisar cada caso en el que se denuncie una discriminación, porque a veces se confunden las situaciones, pues discriminar es negar derechos.
 
De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo), las personas de 60 años de edad y más en México suman 9.4 millones, 8.4% de la población total.
 
Hay más de 6.1 millones de hogares con adultos mayores en la República mexicana. De ellos, tres de cada 10 tienen son encabezados por una mujer.

Fuente: El Universal.