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Tapatíos y Chilangos - Ivabelle Arroyo.

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Ivabelle Arroyo / El Informador
 
Los paradigmas tienen que cambiar, porque ahora resulta que no hay nadie más parecido a un chilango que un tapatío de verdad
 
La idea generalizada es que Guadalajara es una ciudad predominantemente conservadora y excluyente, y que la Ciudad de México es una zona cosmopolita que acepta todas las formas de ser. Pero los paradigmas van a empezar a cambiar, porque estas ciudades hace rato que lo hicieron.

Hay muchos ejemplos. Uno de ellos es el estudio sobre convivencia de religiones en Guadalajara, otro es el registro de las actitudes religiosas de los asambleístas en el Distrito Federal (un priista acaba de entregar un San Judas al procurador en reconocimiento por su trabajo). Pero el más reciente es el panorama revelado por la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, presentada por el Conapred.

La encuesta muestra un extraordinario parecido en las actitudes de discriminación que tienen los habitantes del Distrito Federal y los de Guadalajara. Estas dos ciudades se parecen más entre sí de lo que a algunos les gustaría reconocer. Para empezar, los resultados las ponen en el mismo sitio cuando de maltratar al migrante se trata. Según ellos mismos, es en estas dos ciudades en donde peor se trata al migrante (¡regrésate a tu país! Gritan por ahí).

A las minorías religiosas les va un poco mejor que a los que no están en su nación, pero no hay diferencias grandes en las dos metrópolis. Con una ligerísima diferencia positiva hacia el Distrito Federal, tres de cada 10 integrantes de una minoría religiosa se quejan de discriminación, lo que pone a los chilangos y a los tapatíos a media tabla en el pizarrón de los discriminadores. León lidera en intolerancia, pues cinco de cada 10 miembros de una religión no dominante se sienten maltratados, mientras que Querétaro, por otro lado, parece ser la ciudad más tranquila: sólo uno de cada 10 habla de discriminación religiosa.

Las razones por las que el Distrito Federal y Guadalajara arrojan números parecidos en discriminación no vienen en la encuesta, pero es posible atisbar una respuesta: la intolerancia no es una característica de la derecha o de los grupos conservadores, sino que es, lamentablemente, una tara que poseen muchos mexicanos en todo el espectro ideológico. Es probable que la intolerancia religiosa en el Distrito Federal no se dirija a los mismos grupos que en Guadalajara. Puede haber más rechazo, por ejemplo, a la Luz del Mundo o a los católicos dogmáticos, mientras que en la capital de Jalisco la discriminación quizá se dirige a evangelistas y ateos. La actitud, sin embargo, es la misma: la otredad no se permite, la diferencia es mal vista, los derechos no son para todos y sólo hay una forma correcta de hacer las cosas.

Por eso y mientras se cambia lo sustantivo, los paradigmas tienen que cambiar, porque ahora resulta que no hay nadie más parecido a un chilango que un tapatío de verdad.