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Discriminación - José Buendía Hegewisch

Icono Discriminación en General

José Buendía Hegewisch – Excelsior. 24 abril 2011.

El español Germán Higelmo empujó en los últimos cuatro años hasta que el Tribunal Constitucional  de su país creó un nuevo derecho constitucional a no ser discriminado. Él se amparó contra el rechazo de su empresa a darle un turno de noche para cuidar a sus hijas mientras su esposa trabajaba. La negativa a permitirle optar, de acuerdo con los magistrados españoles, constituye una “discriminación por circunstancias familiares”. Ahora las empresas tendrán que conciliar con sus trabajadores si no quieren violar la Constitución.

 
El problema de la discriminación también destacó en México, aunque no por recoger avances como en el caso de Higelmo, sino por la constatación de que en este tema también hay retrocesos y, sobre todo, de que la violencia lo cruza trasversalmente en casi todas las prácticas y conductas en que se manifiesta.
 
El Consejo Nacional contra la Discriminación presentó la segunda Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, en la que se reflejan percepciones y actitudes negativas sobre la igualdad y la tolerancia en el país.
 
Cabe recordar que en los últimos años, México se puso a la vanguardia legislativa con la reforma para incluir la no discriminación en el Artículo primero de la Constitución, la promulgación de la Ley  Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación,  así como la decisión de 12 estados de llevar esta garantía a sus constituciones y elaboración de leyes antidiscriminación en otras 17 entidades del país.
 
En menos de una década el esfuerzo legislativo y de creación de órganos que supervisen el cumplimiento de las leyes contra la discriminación ha sido vertiginoso,  pero ello no ha evitado que la intolerancia y la estigmatización se mantenga como “deporte nacional”, ha dicho el presidente del Conapred, Ricardo Bucio; o que las diferencias económicas o de aspecto físico recorten el ejercicio de derechos básicos como a la salud o al empleo; o que la exclusión hacia ciertos grupos haga explotar la cohesión social.
 
Si bien nadie duda de que se trata de actitudes que se anclan en prácticas sociales y reproducen valores culturales, también que la posibilidad de modificarlas es difícil de aislar de otros  fenómenos sociales como la concentración de la riqueza, la desigualdad del ingreso, la inequidad de oportunidades o de igualdad ante la ley. Justamente esos son de los aspectos que resaltan en los resultados de la encuesta del Conapred, por ejemplo que casi seis de cada diez personas creen que es la riqueza el factor que más divide a la sociedad.
 
La condición de no tener dinero, junto con la apariencia física, la edad y el sexo, inciden directamente en lo poco o nada que la población mexicana considera que se respetan sus derechos, según el estudio. Éstos son factores de violencia permanente y cotidiana, sobre los que se construyen y reproducen las pautas sociales y los valores que están detrás de la discriminación.
 
No es que la discriminación sea la característica principal de una sociedad enferma, como aseguró en la presentación de la encuesta la primera dama, Margarita Zavala. Es el hecho de que México sea uno de los países con mayor desigualdad en el mundo lo que la enferma y refuerza las prácticas discriminatorias. ¿Por qué cambiar las conductas si la realidad nos muestra que el éxito es de quien logra imponerse al otro? ¿Cuándo los hechos nos muestran que el ejercicio de los derechos es un problema de raíz económica? ¿Cómo apreciar la tolerancia si la violencia que afecta al país borra el límite de respeto a la vida?.
 
Posiblemente es más fácil llevar la atención hacia el problema de la violencia y el desprecio al otro como un asunto de patologías sociales, porque desde luego parece más difícil resolver problemas de fondo como la obligación del Estado de proveer seguridad, redistribuir la riqueza o garantizar que todos los mexicanos seamos iguales ante la ley. El pensamiento conservador suele aludir a las desviaciones para explicar las fallas en el poder del mercado o atribuir la violencia a los delincuentes, sin reparar en la violencia que genera la escasa movilidad social o la pérdida de aspiraciones ante la falta de oportunidades.
 
En los primeros años de vida del Conapred se logró confianza en las posibilidades que abrían las leyes y las instituciones contra la discriminación, para visibilizar un fenómeno que permanecía oculto en las formas de relación social y del que, por tanto, nada se hacía. Desde luego es fundamental proyectar esta situación y reconocer socialmente los prismas de intolerancia y racismo con los que se trata a jóvenes, adultos mayores, homosexuales o a las etnias, pero modificarlas implica también remover los factores que dividen a los mexicanos.
 
Sería encomiable tener muchos ciudadanos como las parejas gay que se han amparado para exigir su afiliación al IMSS, o muchos casos como el del español Germán Higelmo en su lucha por ampliar derechos, dado que son factores importantes de cambio cultural.  Pero también habrá que aceptar que las cosas no cambian sólo porque las podamos ver, aunque ésta sea una condición, sino también por la posibilidad de atacar las realidades que nos alejan y no nos permiten creer que podremos ser un poco más iguales.